«Contra el patriarcado» en ELDIARIO.ES

«La única manera de que las trabajadoras de hogar tengan derechos es que estén empleadas por los servicios públicos»

'Contra el patriarcado. Economía feminista para una sociedad justa y sostenible' es el último libro de la experta María Pazos, en el que desarrolla su apuesta por las políticas que cree claves para acabar con la desigualdad de género

"Si hacemos reformas para eliminar de la división sexual del trabajo y a un estado del bienestar inclusivo sin sesgos de género será liberador para las mujeres y bueno para toda la sociedad. El resultado será un capitalismo distinto", dice

"La transparencia salarial es buena, pero siempre que no olvidemos que la discriminación salarial tiene causas estructurales que son más fáciles de atacar que conseguir la transparencia salarial total", asegura
Ana Requena Aguilar
17/06/2018

María Pazos (Cañameros, 1953) es una de las voces más destacadas de la economía feminista en España. 'Contra el patriarcado. Economía feminista para una sociedad justa y sostenible' (Editorial katakrak) es su último libro, en el que desarrolla su apuesta por las políticas que cree claves para acabar con la desigualdad de género. Pazos asegura que son momentos como el actual, en plena ola feminista, cuando pueden hacerse los cambios estructurales que pongan las bases de una sociedad más justa. Investigadora en el Instituto de Estudios Fiscales, esta experta es parte de la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA), que lleva años apostando por la equiparación e intransferibilidad de los permisos de maternidad y paternidad como medida fundamental para terminar con la discriminación laboral de las mujeres y los roles de género tradicionales.

¿Cómo se combate el patriarcado desde la economía?

Poniendo las condiciones materiales para que la igualdad sea posible. En este momento la igualdad no es posible: las trampas en esta fase de patriarcado de consentimiento en el que estamos son muy sutiles pero muy efectivas. Consisten en hacernos creer a las mujeres que elegimos nuestra situación de desigualdad, mientras se presiona tanto a mujeres como a hombres para que tengamos un comportamiento desigual.

¿Y cómo operan esas trampas en la economía?

Hay tres condiciones para que la igualdad sea posible. La primera es el cuidado en casa, porque siempre hay una parte del cuidado que tiene que hacerse en ese espacio y que hay que repartir equitativamente entre hombres y mujeres. La segunda condición es que los servicios públicos sean suficientes y la tercera es que el mercado laboral permita un empleo compatible con el resto de la vida y en particular con el cuidado. En este momento esas tres condiciones no se dan.

Para repartir equitativamente el cuidado en casa usted defiende que los permisos de paternidad y maternidad deben ser iguales e intransferibles, una medida que cada vez genera más consenso.

Cuando nace una criatura ya de entrada las mujeres tienen unos permisos que, en la mayoría de países de Europa, están diseñados para que se queden ellas ininterrumpidamente a cargo del bebé durante, de media, diez meses, mientras que los hombres tienen, también de media, dos semanas desde el nacimiento y otras dos semanas repartidas durante los siguientes años. Ese diseño ya establece quién es la cuidadora principal y quién se convierte en el padre ayudante. Cuando terminan los permisos, que para el bebé son cortos, resulta que en muchos países no hay esos servicios públicos que permitan a la mayoría de la población acceder a ellos de forma suficiente y compatible con el empleo. Y eso hace que las mujeres sigan retirándose de sus empleos.

La precariedad no ayuda. Muchas mujeres, ante un mercado laboral que las maltrata o que en el que no se sienten realizadas, deciden dedicarse plenamente a cuidar, al menos durante un tiempo, en lugar de trabajar.

Claro, es una acumulación de factores y una pescadilla que se muerde la cola. El mercado laboral y la familia son los dos elementos de la estructura social, las dos caras de la misma moneda, no se puede ver una sin otra. El hecho de que las mujeres seamos consideradas mano de obra de alto riesgo incide en nuestra precariedad laboral. Por otro lado, esto también es producto de una falta de condiciones materiales. Hay incentivos para mantener la desigualdad.

¿Qué tres medidas concretas en política económica debería en su opinión tomar el gobierno para hacer economía feminista?

Hay tres medidas fundamentales. La primera, los permisos igualitarios sin trampas, cuyo efecto sea que cada persona, independientemente de su sexo y tipo de familia, se quede a cargo de su bebé el mismo tiempo durante el primer año de vida. Estamos a las puertas de esa reforma y es crucial, va a lanzar el mensaje de que de verdad estamos por la igualdad. Hay algunas propuestas que no equiparan totalmente los permisos pero que dicen que es mejor que lo que hay ahora. Si fuera así, ¿estamos dispuestas a admitir ese porcentaje de discriminación laboral?, ¿es aceptable esa desigualdad que sabemos que se produce en el salario a causa de esto? La segunda y tercera reforma deberían ser la universalización de la educación infantil y de la atención a la dependencia al estilo de Suecia.

¿Qué supone que sea al estilo de Suecia?

Un sistema basado en que los servicios públicos tienen que asegurar la autonomía funcional de cada personal, suficientes para que cada persona pueda vivir sin necesidad de personas de la familia o de tener que pagar ese cuidado. El cuidado es totalmente gratuito, aunque la manutención y vivienda sí hay que pagarlo. Si la persona no puede hacerlo entonces se le dará una ayuda pero eso ya es política de vivienda. Pero si el cuidado es gratuito, sin copago, ya permites que toda la población pueda acceder en igualdad de oportunidades y que por cuidados de larga duración nadie tenga que dejar su empleo. Otra cosa es que también haya permisos para que la gente atienda esos cuidados en momentos y circunstancias, como la enfermedad terminal de un familiar o la hospitalización.

¿No es este un modelo que adapta los cuidados al mundo del trabajo?, ¿no deberíamos adaptar el mundo del trabajo a los cuidados?

Claro que sí, el mundo del trabajo se tiene que adaptar a los cuidados. Las reformas laborales hay que revertirlas. Y es urgente lanzar el debate sobre las 35 horas de jornada laboral máxima a la semana. Hay que aprobar medidas de estabilización del empleo. Por poner un ejemplo, antes en el trabajo a turnos la gente tenía un cuadrante con antelación y que era estable, es algo importante para organizarse, ahora ya no es así, la gente apenas lo sabe con antelación.

¿Es el empleo la única forma que tenemos de conseguir estatus?, ¿no pueden serlo los cuidados?, ¿si damos al empleo toda el poder para darnos la independencia económica no volvemos a relegar los cuidados en lugar de revalorizarlos?

Cuando se habla de revalorizar los cuidados creo que alguna gente se refiere solo a revalorizar los cuidados que hacen las mujeres en casa y no es sinónimo. Los cuidados no son eso, son mucho más. ¿Quién valora más los cuidados, Suecia o España? Suecia invierte en dependencia un 4,5% del PIB, aquí menos del 1%, eso es valorar los cuidados. Integrar a los hombres en los cuidados va a redundar en una revalorización de los cuidados también.

¿Y no es eso un poco perverso que hasta que los hombres no cuiden los cuidados no se vayan a valorar?

Se va a valorar cuando lo hagan ellos, creo que es tener en cuenta como funcionan las cosas. Va a ser bueno que entren ellos y va a ser bueno que se compartan y que se revaloricen. Valorar los cuidados es un verbo que hay que conjugar no solo en primera o segunda persona, sino que también tiene género y tiempo. Ellos tienen que valorar los cuidados, repartirlos equitativamente es la única forma de acabar con la división sexual del trabajo. Quienes no están de acuerdo con un programa para eliminar la división sexual del trabajo deben decir cuál es su programa. Yo planteo este, pero si el programa alternativo es que las mujeres se sigan quedando en casa y los hombres no, eso es mantener la división sexual del trabajo y yo diré que eso no es un programa económico feminista.

No solo es cuestión de liberar a las mujeres, sino de atender las necesidades de las personas que hoy están desatendidas y que se aseguren los derechos de las personas que cuidan y que hoy en día lo hacen por debajo de los derechos mínimos. Si alguien cree que es posible conceder una paguita las mujeres para cuidar, que sea digna, que no perjudique en el empleo, que sin empleo se pueda hacer las cosas... que explique cómo. No se trata de una sociedad donde las mujeres sean como ahora son los hombres ni donde los hombres sean como ahora las mujeres, sino de que haya una sociedad de personas sustentadoras y cuidadoras en igualdad donde no haya estructura de género.

¿Y eso es posible dentro del capitalismo?

Eso es un gran debate. A largo plazo creo que no, que el capitalismo en alianza con el patriarcado hace que casi no podamos hablar a largo plazo porque directamente nos está conduciendo a la extinción. La catástrofe ecológica es a corto plazo. Y para eso hay que luchar contra el capitalismo y el patriarcado, que tienen una alianza histórica que ha ido cambiando. El feminismo es vital para este cambio de comportamientos y valores. Si se hacen todas estas reformas dirigidas a la eliminación de la división sexual del trabajo y a un estado del bienestar inclusivo sin sesgos de género será liberador para las mujeres y bueno para toda la sociedad y el resultado será un capitalismo distinto. No todos los capitalismos son iguales.

¿Hay que cambiar el estatus actual del empleo doméstico?

Hay que eliminar el régimen especial de empleadas de hogar, que tienen que estar en el Estatuto de los Trabajadores y tener los mismos derechos laborales. El problema es que para poder tener los mismos derechos no pueden estar empleadas extensivamente por las familias. Si les concedes todos esos derechos y no pones medidas para que el régimen general de cuidados cambie, lo que haces es sumergir gran parte de ese empleo. La mayoría de las familias ya no puede pagarlo ni siquiera en las condiciones actuales. La única manera de que esas mujeres tengan derechos es que estén empleadas masivamente por los servicios públicos. Y la solución para las empleadas precarias de los servicios privatizados de atención a domicilio es remunicipalizar esos servicios.

Entre las medidas prioritarias no ha mencionado la transparencia salarial que, sin embargo, está en el centro del debate en España y en muchos otros países de Europa, que han aprobado medidas a este respecto para combatir la brecha salarial. ¿Qué le parece?

La transparencia salarial es buena, pero siempre que no olvidemos que la discriminación salarial tiene causas estructurales que son más fáciles de atacar que conseguir la transparencia salarial total. Y luego, cuando se gane un juicio en base a esos datos, como ya a veces sucede, ¿cuál es la consecuencia? Porque no está claro que se cambie la estructura salarial de la empresa de oficio, hay juicios que terminan con que tienen que ser sindicatos y empresa quienes negocien un cambio salarial. Lo que sí está casi asegurado es que quien denuncia se queda sin trabajo o relegada.

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