¡Lujo para todas!

Llevamos un año y nueve meses cocinando sin parar, quemándonos los pelos casi a diario, tomando aire sólo los domingos y alguna fiesta mayor.

Desde el principio hemos querido contar lo que hacemos, pero escribir es una tarea extra que hasta ahora no nos podíamos permitir. Bastante teníamos con mantener a flote, en este orden: una cocina recién nacida, un puñado de relaciones humanas imprescindibles (parejas, familia directa, algún amigo) y nuestros propios cuerpos. A partir de ahora intentaremos sacar adelante, también, estas notas.

No se trata de contar por contar. Evitaremos, si sabemos hacerlo, el autobombo y el exhibicionismo. Lo que buscamos es más bien pagar deudas y dar la cara. Es decir, compensar de algún modo todo el saber que hemos tomado al abordaje, continuar la cadena de recetas recibidas y recetas transmitidas, devolver al mar los mensajes que recibimos en botellas. Copiar, guisar, poder modificar. Y dar la cara, decíamos. O lo que es lo mismo, intervenir en debates públicos sobre la comida y sus implicaciones económicas, políticas y sociales, en la línea de las apuestas que sostenemos en los fogones. La cosa es forzarnos a pensar mejor lo que hacemos, traducir la práctica en discurso para transformar las intuiciones en sentido, las querencias en pautas.

Suponemos que al escribir sobre nuestra cocina también encontraremos errores, inconsistencias y lagunas. Nos exponemos, además, a la crítica sana y a la mala leche del respetable. Eso lo sabemos. No importa mucho. La adulación, el colegueo y el silencio son igual de peligrosos, o más.

Pero no le demos más vueltas. De todas las metas que perseguimos con este blog, la fundamental, diría que la única que vale la pena, es el goce. Que disfrutemos y hagamos disfrutar cuando cocinamos, cuando comemos. Porque merecemos, empezando por los alimentos, una vida más vida.

¡Lujo para todas, copón ya!

Luis Soldevila Mataix