Reseña «Ahora»

«El comunismo es el retorno a la tierra, la derrota de la abstracción, el hecho de que momentos, lugares, cosas, seres y animales adquieran todos un nombre propio, su nombre propio»

Comité Invisible: Ahora, Pepitas de Calabaza, 2017 Logroño

Francia es un líquido que toque lo que toque lo convierte todo en Francia. La odias o la quieres. Pero si Francia entra en la aritmética todo toma forma de Francia. La toma el coctel molotov. La toma la porra que golpea. La toma el nombre del ministro. La fecha. El papel. La canción. La cita. El apego. El juez. El ciego que vende boletos en la entrada. La plegaria y el plan nuestro de cada día.

El final de Francia como eje de sentido también ha sido a causa de Francia. Porque cuando uno dice troskismo pero después dice Francia, en realidad sólo dice Francia. Cuando dice Toni Negri y después Francia sólo se escucha Francia.

Otoño de 2009: en una mediateca de la Francia mediterranea proyectan el documental Rosa Luxemburg de Marcel Bluwal (1973). Sí. El tío fue capaz de comenzar en París la historia de una marxista polaca que tuvo sus fights en Alemania. Y, sin embargo, hizo un gran documental. Como útil es Ahora (Comité Invisible, Pepitas de Calabaza, 2017 Logroño). Útilmente francés.

11 euros. Un libro imprescindible. Pero prescinde en sus primeras 45 páginas de la edición española. Son la narrativa típica del post-68 francés. Ya has leído eso en otro lugar. Y si no lo has hecho no merece. Porque no es nada material. Es un estilo. Es el autotune de la voz de la rebelión. Mucho lema y pocos rodillazos contra el cemento. El libro comienza en la página 46, porque un libro que no es una fiesta merece no pasar la noche de San Juan. Y este libro merece mezclarse con otros de tu casa.

Hay perlas para un collar. En la 49:

«La guerra civil está en relación con la no homogeneidad del Yo. Cada uno de nosotros está hecho de pedazos contrapuestos con uniones paradójicas y desuniones en nuestro interior. La personalidad no está hecha como un bloque. Si no, sería una estatua. Hay que reconocer un hecho paradójico: la guerra no produce nuevos enfermos, al contrario. Hay muchas menos neurosis durante la guerra que en la vida civil, e incluso hay psicosis que se curan».

En la 52:

«Hay que salir de nuestra casa, ir al encunetro, echarse al camino, trabajar en la ligazón conflictiva, prudente o feliz, entre los pedazos de mundo. Hay que organizarse. Organizarse verdaderamente nunca ha querido ser otra cosa que amarse».

El capítulo tercero, Muerte a la política, es el más concreto. El más lúcido. Sobre todo porque lee Nuit Débout, Occupy, Sol y Catalunya desde la derrota que finalmente fueron. Los compara y los jerarquiza. En Nuit Debout «no nos hablábamos; hablábamos unos después de otros», dice. Es decir «Ahí se encuentra el inmenso mérito que hay que reconocerle a la Nuit Debout: haber hecho de la miseria del asambleísmo no ya una certeza teórica, sino una experiencia vivida en común» (p. 62).

El capítulo cuarto, Destituyamos el mundo, es el más necesario. El tema es lo constituyente y lo destituyente. Los fracasos de Syriza o Podemos. En la página 85:

«Destituir la universidad es establecer lejos de ella lugares de investigación, formación y pensamiento más vivos y más exigentes de lo que ella es (...). Destituir la justicia es aprender a arreglar nosotros mismos nuestros desacuerdos, ponerle método, paralizar su facultad de juzgar y expulsar a sus ebirros de nuestras vidas».

Un texto para leer. Pero sobre todo para discutir. Con las manos manchadas con jugo de naranja.

Hedoi Etxarte

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