Laura Macaya en EL PAÍS
Miércoles 04 de Marzo
Leire San Martín ha alumbrado un libro revelador y necesario, y después de leerlo se mirarán nuestras calles de otra manera. ‘La caza de brujas en Pamplona’ aviva una memoria que merece ser recreada desde el respeto
Paula Etxeberria Cayuela
PAMPLONA | 05·01·26
PREGUNTA: Con este libro pone a Pamplona en el centro de la caza de brujas que se llevó a cabo en Navarra, dando detalles que el público general desconoce.
RESPUESTA: Sí, tenía el objetivo de poner a Pamplona en el centro. Porque cuando buceé en el Archivo General, en los procesos judiciales que se dieron en esa caza de brujas, me di cuenta de que todo se centralizaba en Pamplona, que es lo común en este periodo histórico. Veía que a las mujeres que acusaban de brujería las traían de los pueblos aquí, las castigaban aquí y recorrían calles de este casco antiguo. Este libro nace de la necesidad de visibilizar esa parte que incluso para mí era súper desconocida.
P: Revela detalles sobre cómo se ejercía la justicia en aquel momento en la capital navarra que horrorizan.
R: Sí, a través de elementos como la picota o el garrote, que estaba en la Plaza de la Fruta, actual plaza del Ayuntamiento. La picota estaba en Mercaderes, donde El Mentidero, que por eso tiene ese nombre. El mentidero es una zona de la ciudad donde confluyen varias calles, y es un lugar donde la gente se juntaba, quedaba o se paraba a contar los chismes, los rumores, de ahí, el nombre, el mentidero. Esos elementos, la picota, el garrote, se colocaban en las zonas de mayor afluencia de la ciudad.
P: Hablamos del siglo XVI.
R: Sí, la caza de brujas histórica se dio en el siglo XVI. Antes también había habido persecuciones de ese calibre, y muertes que a veces se pasan por alto, pero aquí la caza de brujas empieza oficialmente en el 1525, luego toca techo en Zugarramurdi y baja, hasta 1675, pero los procesos que se dan en el siglo XVII son diferentes, como que pierden fuerza, se va desdibujando un poco esa cosa de la brujería diabólica.