COLORÍN COLORADO
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COLORÍN COLORADO
Y los cuentos no acabaron nunca
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Cecilia Domínguez nos vuelve a sorprender con un nuevo libro. Poemas que viajan con ella desde la infancia, aunque los haya escrito recientemente, y que han crecido dentro de ella y han acompañado sus miedos, sus decepciones, sus rebeldías, sus ganas de transgredir las normas. Los cuentos para ella, como para todos los niños, representan los sueños, las ilusiones, el mundo que no comprenden. Son uno de los aspectos más inolvidables e intensos de la primera infancia. La niña se asoma a los ojos de la poeta, se alía con el pensamiento y nos hace viajar a los cuentos maravillosos, a las fábulas y a los arquetipos narrativos para ofrecernos su visión desgarradora, irónica, satírica y actual de los mitos y conflictos de la infancia. La acompaña en este libro o viaje a la fantasía María Bordón Domínguez que plasmó en imágenes con precisión y ácido humor los textos de Cecilia. Con trazos audaces dibuja los personajes de los cuentos infantiles y aparecen ante nuestros ojos grotescos, desafiantes o tiernos.
El viaje que Cecilia Domínguez nos propone empieza en Caperucita y nos lleva a hacer un recorrido por su bosque particular de letras y de sueños. Graciela Cabal, la escritora
argentina, en su libro Mujercitas, ¿eran las de antes? nos hace reflexionar sobre la lectura con una frase lapidaria: “Leer es perderse en el bosque y no encontrar el camino de regreso”. Cecilia Domínguez se quedó en el bosque y ha sido capaz de redescubrir los
cuentos de su infancia, o de la infancia de cualquiera, con ojos de mujer adulta y crítica,
pero sin perder la fantasía de la niña: “Eso es crecer, me dijeron. / Y yo volví a la casa del espejo, / en busca de mi infancia”. Hay muy pocas cosas tan mágicas como los cuentos y su lenguaje simbólico. Son un lugar al que siempre el niño regresa, aunque ya sea un adulto.
Como decía Ana María Matute: “Si no hubiese podido participar del mundo de los cuentos y no hubiese podido inventarme mis propios mundos, me habría muerto”.
Los cuentos ponen alas a los niños y niñas y les dan herramientas para reflexionar y para volar hacia refugios hechos de palabras: “Cojo un papel de estraza, hago una nave, / y en ella embarco mi tristeza”.
El viaje iniciático de la autora al mundo de la escritura es el viaje de cualquiera al mundo
de la imaginación, pero también es la iniciación a la visión crítica de la sociedad, al
pensamiento, a la reflexión y a la rebeldía: “rompí con todo -incluso la baraja- / y me fui
a hacer puñetas con la luna”.
El libro se estructura en apartados o capítulos que nos llevan de forma didáctica a ordenar el mundo de la imaginación por el que hemos transitado todos. Así encontramos
enumerados en un índice después de una declaración de intenciones, los epígrafes
siguientes: Andersen, Las mil y una noches, De otros cuentos, Fábulas, Hermanos Grimm, Perrault, añadiendo a modo de epílogos tres poemas que, llenos de acidez y humor, nos ponen los pies en el mundo actual con versos como: “Y yo, medio dormida, /buscando, entre mis sueños, una bruja, / un hada, incluso un ángel / que me librara de la monarquía” o confesando que, como Alicia, también quería “saltar al otro lado”.
En Colorín colorado, ella viaja a los clásicos de las lecturas infantiles, a esos textos que no pueden faltar para hacer el viaje del imaginario infantil al descubrimiento del mundo
adulto. Pero ese camino ella lo recorre de manos de la libertad y reivindicando el placer
de ser poeta porque, como si fuera la cigarra de la fábula, la mujer que no ha perdido los ojos de niña, afirma: “Toda la vida cabe en un solo verano”.