La brecha orgásmica en GARA

PAOLA DAMONTI
EXPERTA EN GÉNERO
Navarra Suma ha encendido la polémica con el veto a una charla de Paola Damonti sobre la brecha orgásmica, haciendo seguidismo del discurso retrógrado de Vox. Finalmente, se hará esta semana en Katakrak para abrir el debate sobre la profundidad de la desigualdad, también en la cuestión sexual.

«Vemos la brecha salarial, censuramos la orgásmica»

ARITZ INTXUSTA | IRUÑEA

El veto puritano de Navarra Suma a una charla sobre una misteriosa «brecha orgásmica», aplicado tras poner Vox el grito en el cielo, apunta a generar un efecto Streisand en Iruñea; es decir, a acabar magnificando el hecho que se pretendía censurar. Ya pasó con el espectáculo de Pirritx, Porrotx eta Marimotots en el Anaitasuna. Paola Damonti ofrecerá su charla censurada el viernes 31 en Katakrak.

¿Cómo surgió la charla sobre la «brecha orgásmica» que el Ayuntamiento de Iruñea ha visto –digámoslo así– tan poco adecuada?
Una técnica de igualdad del Ayuntamiento me comentó que estaban poniendo en marcha la Casa de las Mujeres y que buscaban actividades. Pasé varias propuestas, porque ya había ofrecido otras charlas para el Ayuntamiento. De entre ellas, la que más atractiva pareció fue esta, pues tenía potencial de atraer público. Mi tesis doctoral va sobre violencia de género en la pareja y exclusión social. Pero una charla sobre mi tesis no llama a las masas. Hablar de sexualidad atrae más gente.

¿Cuándo se torció la charla?
Hace un mes se difundió la programación de la Casa de las Mujeres y, hace unos días, el cartel. El miércoles me llamó la misma técnica, para comentarme que el director del área le transmitió que no se veía políticamente adecuada. También mencionaron algo del título, de que quizás con otro título... Del tuit de Vox como origen de todo me enteré más tarde.

Entremos en harina. ¿Qué es la brecha orgásmica?
La brecha orgásmica tiene un claro paralelismo con la brecha salarial. Las relaciones amorosas las vivenciamos de forma diferente mujeres y hombres. Esto es así por la educación, la socialización y los roles de poder.

Hablar de brecha orgásmica es llamativo, pero era una charla para mujeres adultas.
El cartel ni siquiera era provocativo. Hemos llegado a la aceptación de ciertas desigualdades. Que las mujeres cobren menos o tengan que trabajar más en casa, nos parece mal. Pero no está bien hablar de las desigualdades en la esfera sexual. Esto quiere decir que las mujeres no tenemos derecho a disfrutar plenamente del sexo al igual que los hombres. Hablar de esto es frívolo, no es importante. ¿Por qué? Pues porque detrás está esta convicción de que no podemos disfrutar.

Más allá del puritanismo que motivó su censura, el término orgasmo es puramente biológico. No es una palabra malsonante, pero tampoco muy vinculada a las ciencias sociales.
Y, sin embargo, la decisión de que no se puede hablar de orgasmos es un veto político. Con la revolución de los 70, digamos que se consiguió el derecho de las mujeres a tener sexo. Ahora toca hablar del derecho de las mujeres a tener placer. Muchas mujeres tienen sexo, pero no tienen placer. Hay muchos estudios de Control y Durex sobre cuándo y con qué frecuencia tenemos sexo y orgasmos. Todos coinciden en que hay una diferencia a la hora de llegar al orgasmo. Pongo el acento en el orgasmo, porque es una fórmula objetiva para medir y también porque se está colando cada vez más un discurso progre de que en el sexo no es importante el orgasmo, que se trata de disfrutar, que no es la meta sino el camino lo importante. Hay que contrarrestar esto. Es un discurso que no está mal en sí mismo, pero cuando lanzamos ese discurso obviando las desigualdades de base, de que quien está alcanzado el orgasmo es el hombre sistemáticamente... ¿Qué orgasmo es el que no tiene importancia? El de la mujer.

¿Qué se puede concluir de datos estadísticos de orgasmos?
En EEUU se realizó un estudio con una muestra muy grande, de 50.000 personas. Piensa que en el Estado el estudio sobre la violencia de género se hace sobre una muestra de 8.000 encuestados. Pues bien, en aquel trabajo preguntaron más cosas. Además de con qué frecuencia tuviste orgasmos, preguntaron sobre la orientación sexual. Se evidenció así que la brecha orgásmica es muy grande entre mujeres y hombres heterosexuales. Pero, si miramos entre mujeres lesbianas y hombres gays, esta brecha desaparece. En consecuencia, lo que hay detrás no es una diferencia biológica. Se invalida el discurso rancio de que las mujeres no llegamos igual al orgasmo por ser más complicadas, más difíciles de complacer. A las lesbianas no les cuesta más llegar al orgasmo.

Le sigo. Continúe.
La biología no es la razón de la brecha, sino que la diferencia está en la sociedad o en la cultura. Otro resultado del estudio es que, para la mujer, ser lesbiana mejora significativamente tu posibilidad de tener un orgasmo en la relación. Esto es una evidencia, pese a que se dice que el sexo de lesbianas es incompleto, pues no hay un pene para hacer su trabajo. Pero hay otra clave interesante. Al mirar el caso de los hombres gays, se contempla que se reduce un poquito esa posibilidad de que lleguen al orgasmo.

Ahí ya me he perdido un poco.
El hecho de que baje un poco el porcentaje de orgasmos en las relaciones gays frena desde un principio la tentación de decir que entre lesbianas es más fácil alcanzar el orgasmo, porque como la pareja tiene un cuerpo idéntico, lo conoces mejor y lo satisfaces más fácil. Al mirar los datos de hombres homosexuales, que también tienen un mismo cuerpo, queda invalidada esta tesis. Al final, es más fácil para el hombre llegar al orgasmo siendo hetero que gay.

Ahora sí le pillo. Luego, si la causa no es biológica ni de conocimiento corporal, la razón ha de ser cultural o social.
Ese es el contenido de la charla. La socialización de la identidad de género femenina está caracterizada arquetípicamente como un «ser para los demás». Se educa para poner las necesidades del otro antes de las tuyas. Se enseña a valorar el sacrificio, la abnegación y a tener un fuerte desarrollo de la empatía. Con lo cual, es mucho más fácil que, si tienes sexo con una mujer, ella por aprendizaje tienda a poner su placer frente al suyo, a estar atenta a lo que deseas, a lo que te gusta…

¿Así de simple?
Otra explicación, clave a mi entender, es que muchos estudios coinciden en que solo una minoría de las mujeres logra tener orgasmos únicamente mediante estimulación vaginal. Si no hay estimulación externa del clítoris, solo el 20% de las mujeres tiene orgasmos. Y sin embargo, el sexo que todos tenemos en la cabeza es la penetración. El coitocentrismo es un reflejo del androcentrismo donde, por estructura de género, las necesidades masculinas están en el centro y se universalizan.

Antes ha mencionado los avances, el que las mujeres se ganaron el derecho a tener sexo, pero que aún les falta el derecho al placer. ¿La concepción del sexo varía generacionalmente?
Según los últimos estudios, las chicas de entre 20-25 años tienen sexo más de tres veces a la semana. Con lo cual, sí, hemos alcanzado en la primera revolución el derecho a tener sexo. Pero solo un tercio de jóvenes tiene orgasmos cuando practica el sexo, y entre mujeres mayores la frecuencia sexual es menor, pero más de la mitad tiene orgasmos. Esto tampoco responde a una razón biológica. Ahí parece que se ha dado un paso atrás.

Dado que no le han explicado por qué le censuran la charla, ¿qué sería más grave: que fuera por el fondo real o porque alguien se sintiera con derecho de vetarla por una palabra?
Visto así, no sé qué es peor.